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viernes, diciembre 16, 2011

New life

Salir a la calle con anillo de casada es un poco como la sensación del primer día de clases: estás de estreno.

lunes, junio 13, 2011

La angustia más vieja del mundo

No puedo evitar sentir que en todas las traducciones de libros me estoy perdiendo de algo fundamental para la esencia y corazón del texto. A veces, perdida en la belleza tácita de un cierto libro, pienso que para disfrutar realmente la enorme literatura del mundo deberíamos aprender todas las lenguas, todos los idiomas, todos los dialectos. Y entonces, embebida en la angustia de lo imposible, no sé si alegrarme o llorar por todos los libros que nunca voy a llegar a leer.

lunes, mayo 23, 2011

Mi biblioteca en todas partes

Soy de esas personas que regalan los libros que más les gustaron. De hecho, hace un par de semanas le regalé por segunda vez consecutiva a una amiga -sin acordarme, claro- Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Pero no sólo elijo regalar los libros que me dejaron pensando y me robaron alguna que otra pena, sino que, de un modo u otro, también me cambiaron. Busco aquellos que me dejaron distinta a cuando los comencé, que me enriquecieron, que lograron el fin último de toda literatura: conmover.
Sé que no siempre es posible que al otro le suceda lo mismo. Cada fibra late distinto, y quizás la línea ante la que yo tiemble le sea indiferente a mi regalado. Quizás sea un poco como dice Amélie, y la belleza literaria sea tan incomunicable como los encantos de la Dulcinea para quien no es sensible a los mismos. Tal vez sólo sea cuestión de apasionarse uno mismo o resignarse a no entender nunca nada. Probablemente lo sea y sólo quede sentirlo, pero creo que nunca voy a dejar de intentarlo.

martes, abril 19, 2011

Deseo

Confiamos en casarnos y que sea para siempre. Pero anoche, hablando de los vericuetos de la vida y las distintas formas de cambio que esta puede asumir, decretamos una cosa: que si algún día el silencio y el abismo son demasiado grandes e irreconciliables, no será por falta de esfuerzo o afecto. Que si pecamos de algo, jamás sea de falta de amor sino de exceso.

lunes, enero 31, 2011

Hoy usé la pashmina que compramos en Cabo Polonio

A veces, en ciertos momentos y determinados lugares, creo que compro cosas sólo para recordar el instante. Para que luego, en la imperturbable rutina de un día cualquiera, me baste el tacto de ese objeto para revivir chispazos de días memorables. De personas imborrables.


lunes, enero 17, 2011

5.11.2011

Save the date.

domingo, octubre 03, 2010

You know what's scary about commitment? That your life becomes real. Not just a plan or a theory, real

A veces me duele tanto la incertidumbre de no saber si esto nos durará para siempre, que me encuentro tentada de levantar el dedo, revolearlo en el aire y sentenciar: "hasta acá llegué".

Creo que a veces me duele más la anticipación del dolor que el dolor mismo.

martes, septiembre 21, 2010

Duda

¿Será que nosotros al viajar pondremos la misma inevitable expresión de turistas que les veo a todos y cada uno de los que me cruzo por la Avenida Alvear?

lunes, agosto 30, 2010

Para algunas cosas en la vida no hay forma de estar listos

Al comienzo es apenas un cosquilleo leve. Mientras se preparan los festejos, en los días anteriores a la fecha de cumpleaños, de a ratos una sombra nubla la vista y las ideas. Pero alcanza la euforia para esfumarla y continuar con los preparativos sin mayor problema. Al próximo año, sin embargo, la sombra regresa con visitas más continuas, y al siguiente ya empieza a importunarnos con preguntas retóricas. Para cuando queremos darnos cuenta, la sombra tiene el peso y el tamaño de una tormenta de invierno, y su descarga es incipiente. Entonces no hay cotillón, tortas ni souvenirs que valgan: la adultez golpea la puerta y, a modo de guiño malvado, trae consigo la máscara de cada uno de nuestros temores.
Quizás el problema no sea tanto crecer como no hacerlo a la altura de las expectativas. Tal vez la angustia no tenga tanto que ver con el número que nos toca como con nuestra idea de lo que deberíamos ser una vez alcanzado ese dígito. Es probable que el problema sea esa eterna inconformidad de sentir que jamás hacemos lo suficiente con nuestras vidas, de asumir que siempre podría haber sido mejor. ¿Quién no trató de imaginar alguna vez las imágenes que pasarían por su cabeza si hubiera de morir en ese mismo instante? ¿Quién no sintió que eran demasiado breves?
El sábado él cumplió 30 y no tuvo que decírmelo: lo sentí angustiado. Y yo, mientras mezclaba los ingredientes para su torta de puro chocolate, no pude evitar pensar que nadie nos lo avisó nunca. Olvidaron contarnos, cuando usábamos bonetes y rompíamos piñatas, que llegaría un día en el que cumplir años ya no sería una fiesta.

miércoles, julio 28, 2010

Lie to me


Intentan engañarme bajo el pálido eufemismo de "línea bordeaux". Lo escriben así, bordeaux, como lo escribiría mi madre en pleno auge de sus capacidades de señora bien. Pero no me engatusan. El mío, grabado a fuego con el rótulo "extranjero", jamás será de ese bonito verde inglés o siquiera del nuevo celeste que anda dando vueltas. Del hecho de haber nacido en Uruguay no me molesta no poder votar, ni tener que viajar o concurrir al Consulado para renovar mis documentos ni que cada tanto me pregunten ¿vos eras de Paraguay? No, nada de todo eso. A mí lo que me molesta es que me hayan dado de por vida un documento de identidad que, a todas luces, es triste y absolutamente marrón.

miércoles, julio 07, 2010

Confesión

Los nuevos palos delimitadores de mano en Avenida Santa Fe me dan unas ganas tremendas de ponerme a hacer zig zag al estilo de la prueba de los conitos en el ACA.

domingo, junio 20, 2010

En random

Yo nací con una estrella y cuando canto vuelve a brillar entona ella, y yo no puedo más que sentir que mi estrella brilla cuando escribo. Incluso en noches como esta, con la ciudad aún húmeda y la certeza de que me toca dormir sola, me bastan mis letras para sentirme genuina. No sabría explicarlo mejor, pero de algún modo siento que frente a este refugio nunca habrá pena tan grande ni dolor imposible. Porque escribir me sana, me cura, me limpia. Y mejor aún, me expone, me ubica en el centro mismo de la llaga, permitiendo que la llama que me quema también me exorcice. No sé, siento que el mundo podría caerse y yo sería capaz de soportarlo. ¿Será posible que escribir me haga inmortal?

viernes, junio 11, 2010

La felicidad es una decisión

Todavía hoy, tengo noches en las que despierto sabiéndolo soñado. Lo veo entre nosotros, escucho su voz -aquella que tanto temí olvidar apenas se nos fue-, y más de una vez recreé su mismísima muerte. Casi siempre despierto llorando. El concepto de su ausencia es aún demasiado grande, y se me torna inasible. Me acostumbré y vivo sin él, radiante la mayoría de los días, pero no puedo evitar pensar que me guía la esperanza. Porque en el instante en que me detengo y recalo en su falta, algo dentro mío vuelve a romperse con la misma fuerza del primer día.
Hay tragedias para las que la vida no alcanza. Instancias que dividen los recuerdos entre los hechos que tuvieron lugar antes del desastre y los que sucedieron después, como quien clasifica una gran caja de fotos. Hay pérdidas irreparables y tristezas infinitas, dolores que paralizan y nos dejan viendo el mundo en blanco y negro. Y frente a todo eso, hay formas y maneras de actuar.
Yo lloro algunas noches, le escribo cada tanto y le hablo casi siempre. Ella, en cambio, transformó su dolor en fuerza y le construyó la casa que habían soñado juntos.


sábado, mayo 29, 2010

Torturas cotidianas

Lo peor de estar resfriado no es tener que andar por la vida con la cartera llena de pañuelos.
Ni tener que tener las gotas para descongestionar la nariz siempre a mano.
Tampoco recordar tomar algún remedio cada X cantidad de horas.
Y ni siquiera esa sensación de cabeza ligera y sentidos adormecidos.
No, no es eso lo peor de estar resfriado.
Lo tortuoso y desastroso del asunto acaba siendo cuando, luego de un largo día de estornudos, al llegar a casa famélicos y cansados, saboreando de antemano el gusto de un plato caliente y reconfortante que alivie nuestros pesares, caemos en la cuenta de la más grande de las pérdidas. Pues en el instante mismo en el que devoramos el primer bocado recordamos que la nariz no es solita su alma, sino que está conectada con la boca y la garganta y que, claro clarísimo, aquello que estamos comiendo bien podría ser cartón, pues no sentimos absoluta y completamente nada.

martes, abril 27, 2010

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En eso estamos.