Porque siempre es bueno hacer catarsis,
my baby's got himself a blog.
El ardor en los ojos era casi insoportable. Llevaba dos horas seguidas de llanto, y sentía que comenzaba a ver en medio de una nebulosa. Pero no podía parar. Inspiré otro poco de aire, lo miré fijo y volví al ruedo: llevame, llevame con vos. Él contraía la boca y cada vez me apretaba más fuerte, llenándome de besos la nariz, la frente, el cuello, como queriendo beberse cada lágrima y así hacerse cargo de mi dolor. Y yo suspiraba y generaba nuevos espamos de llanto. Sabía, sin embargo, que lo que pedía era un sinsentido. Era consciente de lo inútil de mi reclamo, pero mi porción más vulnerable latía en carne viva, y el sentimiento era agotador, casi extenuante. Lloraba como si despedirse significara resignarse. Probablemente incluso lo creyera. Él asentía en silencio, sentado a mi lado. Me miraba con una ternura infinita, al tiempo que calentaba entre las suyas mis manos heladas. Durante el tiempo que duró mi estallido, fue paciente, sincero, cariñoso, y ni una sola vez cuestionó mis razones. Entre sollozos, en cambio, repetidas veces escuché repetirse mi mantra del todo va a estar bien. Podría decir, sin miedo a equivocarme, que jamás me habían consolado con semejante amor y paciencia.
Cuando te entregan la hoja del examen y te das cuenta que te sabés todas -o casi todas- las respuestas.
Tengo una amiga que se saca fotos carnet en verano y las guarda para el resto del año, alegando que "es la época del año en la que más linda estoy".
¿cuál es el secreto de las barras de azufre que se usan para sacar las contracturas por "aire" en los músculos?
Ella me preguntó cuál era el apuro por casarme. Y allí la vi errar el punto.