Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

sábado, septiembre 26, 2009

Amazing

Efectivamente existe y es incomparable. Sucede poco y hay que estar preparado, pero cuando el momento de iluminación nos contempla, es absolutamente increíble. Como cantaba Steven Tyler, it's amazing when the moment arrives and you know you'll be alright. Cuando luego de arrastrarnos, llorar a moco tendido, perder la confianza en el mundo y dejarnos caer por completo en la oscuridad más lúgubre de nuestro interior, una chispa nos roza y cavilamos ante la posibilidad del después.
Un amigo amiguísimo alguna vez me dijo que en muchos de los momentos más definitorios, alcanza con dejarse flotar. Y que aquél pulso que rodea el cosmos, llámese Dios o energía divina, siempre tendrá un back up plan para nosotros. Me pareció idóneo. Juzgué que, justamente cuando más débiles estamos, mayores son nuestras ansias de delegar. Y que el instinto de supervivencia, presente hasta en el más cobarde de los suicidas, en algún momento se despierta y enciende su luz.
Todo llega, todo pasa, todo vuelve, todo queda. El karma siempre se cobra su vuelto, y las cosas eventualmente vuelven a su cauce. Pero mientras tanto, mientras el caos del mundo se ordena por pura entropía, una debe cerrar los ojos, confiar en sí misma y volver a incorporarse. Salir a la calle, dedicarle la más linda de las sonrisas a los obreros de la esquina, flirtear con algún transeúnte y hasta tirarle un beso a algún portero desprevenido. Seducir la ciudad, un barrio a la vez, convenciéndonos a nosotras mismas en el proceso. Quizás al fin del día la luz sea suficiente para iluminar nuestra noche.

domingo, septiembre 20, 2009

Un GoogleMap a mi medida

"There are places I'll remember
all my life though some have changed
some forever not for better"
The Beatles - "In My Life"


Era verano, pero de esas noches frías, en las que el viento tiene ráfagas que predicen otros climas. Habíamos salido a comer y, en un recoveco de la charla, el tópico viró hacia terrenos peligrosos y una simple pregunta desató el caos. Y conforme el cielo se oscurecía y la tormenta se hacía evidente, más intrincados se hacían sus planteos y más violentas mis respuestas. Puedo verlo con claridad, apoyada contra la pared de una estación de remises del centro de Pinamar, lo miraba gesticular mientras pensaba que ese era sin duda un punto de inflexión. Recuerdo haber pensado que aquél debía ser el principio del fin. Hoy, mirado a la distancia, diría que efectivamente lo fue. Nos bastó esa noche para abrir grietas sin posibilidad de sutura, para plantar bandera y declararnos incapaces.
Es extraño, pero a veces las conversaciones más trascendentales suceden en los lugares menos pensados. A mí no se me borra más la frialdad de esas paredes, el olor a waffles que sobrevolaba el aire y se mezclaba con el aroma a tierra mojada que arrastraba el viento. O aquél barcito de Parera y Alvear, que jamás volví a pisar pero fue testigo de una charla sincera como pocas, en la que mamá entendió mucho y yo perdoné un poco. Veo al mozo disperso, los cafés semi fríos y mis lágrimas humedeciendo los diarios del domingo, y me pregunto cómo un lugar tan irrisorio puede simbolizarme tanto. O el estacionamiento del que huí la tarde en que nos conocimos y al que aún hoy vuelvo cada semana, sonriendo por dentro.
Él desplegó sus argumentos bajo la mirada curiosa de unos cuantos turistas más. Yo superé mi paciencia y me subí al auto, sola, en el preciso instante en que las primeras gotas caían sobre el bosque. Jamás volvimos a estar juntos.

viernes, septiembre 18, 2009

Estoy convencida de que la música puede curar casi todo.


viernes, septiembre 11, 2009

So be it


Me descubrí con la cartera en el piso, buscando infructuosamente las llaves del auto, y por un instante me sentí mi madre. Recordé la incontable cantidad de veces que protesté por ser la que iba del lado del acompañante, y debí esperar el final feliz de esa búsqueda. Porque no, ella nunca se dignaba a bucear en su cartera mientras se acercaba al vehículo; ella debía hacerlo precisa y exactamente cuando ya estábamos al lado del mismo. Y aquello siempre me irritó sobremanera. De modo que, cuando finalmente encontré mis llaves y pude abrir la puerta, no supe si reír o llorar.
Nos pasamos la infancia marcando límites invisibles a nuestros padres. Armamos listas interminables de todas aquellas cosas que no haremos el día que tengamos a nuestros propios hijos, y vivimos creyendo que seremos capaces de reescribir la historia. Hasta que una tarde cualquiera, en la soledad de un momento, nos descubrimos un gesto ajeno que nos sacude la utopía. Sea perder las llaves o retorcerse un mechón de pelo, reencarnamos una porción de niñez y nos envuelve la incertidumbre. ¿Será que la genética pesará siempre más que la voluntad? ¿Estaremos condenados de antemano a reincidir en los tics y manías que más veces vimos repetidos en la vida? Me aterro de sólo pensarlo.
Y sin embargo a veces, observando niñitos díscolos en algún lugar público, pienso en lo bien que les vendría un grito bien puesto, como los que solía entonar mamá cuando la situación se iba de cauce. Pienso que quizás sea cierto aquello con que tanto nos insistieron, el eterno lo vas a entender el día que tengas tus hijos. Tal vez sea verdad, y en algunos años me encuentre sentenciando las mismas frases bajo el manto de una nueva perspectiva. No sé, pero ciertas noches creo que, en la mayoría de los casos, uno termina entendiendo a sus progenitores demasiado tiempo después. Como si la vida se escurriera en reproches y la perfección existiera.

lunes, septiembre 07, 2009

Y mientras ensayo algún intento de lucidez, les regalo una razón para mi ausencia

"La gente feliz no tiene historia. En el desconcierto, la tristeza, cuando uno se siente quebrantado o desposeído de sí mismo, experimenta la necesidad de narrarse"

Simone de Beauvoir - "La mujer rota"