Time and time again you're too late

Saber esperar también es un arte, y por desgracia estoy lejos de dominarlo. No sólo soy puntual hasta la exasperación -propia, más que nada-, sino que soy pésima para hacerme la desentendida cuando estoy parada en una esquina. No me sale, no sé, me enferma la mirada de la gente y me pone nerviosa el pispeo de los porteros. El jugueteo con el celular se me acaba al rato y leer de pie jamás me sedujo, así que los minutos se me eternizan y no hago más que trasladar la tortura al esperado, a quien llamo cada 2 o 3 minutos para comprobar cuántos pasos avanzó desde la última vez que hablamos. Saludo algunos perros, me hago la simpática con los niños, personifico algunos papeles que ni yo me creo y de los que me aburro pronto. Todo para volver a mirar el reloj y comprobar que apenas pasó medio minuto desde la última vez que lo hice.
















