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domingo, noviembre 29, 2009

Us

"What is it about this unlovable century that has convinced us we were, despite everything, eminently lovable as a people, as a species? What made us think that anyone who fails to love us is damaged, lacking, malfunctioning in some way? (...) Greeting cards routinely tell us everybody deserves love. No. Everybody deserves clean water. Not everyone deserves love all the time" Zadie Smith - "White teeth"

Y anoche salí del cine llorando un poquito. "500 days of summer" tiene el ritmo perfecto, la ironía justa y el clima ideal con el que todos, en algún momento de nuestras vidas, pudimos relacionarnos. Es la historia de amor por la que todos pasamos, aquella a la que nos entregamos sin lugar a duda ni incertidumbre, y que marcó un antes y un después en nuestra cronología romántica. Es el vuelo, la adrenalina y el pequeño espacio por el que inevitablemente acaba colándose la instancia más cruda de realidad. Es la posibilidad, siempre latente, de que la finitud existe.
Pero a mí me gusta saber que, aún así, elegimos apostar. Me gusta la idea de que el amor no siempre es tan fácil ni llevadero, y que la mayoría de las veces ni siquiera es para siempre. Me gusta tener que retarlo cada día y sentir que en el fondo nunca es del todo mío, que la seducción jamás acaba. Quizás Zadie Smith tenga razón, y no todos nos merezcamos ser amados todo el tiempo. Lo maravilloso del asunto sigue siendo, justamente, que logremos encontrar a quien aún así lo haga.

sábado, noviembre 21, 2009

Postales de mi ausencia







jueves, noviembre 12, 2009

Yo soy... (XV)

  • la que a la hora de ver trailers pierde totalmente su capacidad de análisis y piensa que todas las películas son geniales
  • la que de su época de usuaria de Nextel sólo rescata lo rápido que era pedir un taxi por la radio
  • la que no entiende en qué pensaba el idiota que sentenció por primera vez que es de mala educación cantar en la mesa
  • la que hoy se despertó con olor a Zucaritas en las manos y anteanoche juró olisquear un bowl de Choco Krispis en su cocina
  • la que está segura de que, si algo le sucediera a M, sería capaz de saberlo en ese mismo instante, como un palpitar súbito o un eco repentino
  • la que hace tres semanas estrenó su primera fractura y desde entonces se pregunta en qué cuernos pensaba cuando de chiquita lo que más quería era portar un yeso
  • la que de chica también soñaba con tener aparatos y tener ese modo de hablar espumoso, típico de los niños con ortodoncia y cajitas flúo
  • la que en una semana parte al primer viaje de prensa de su vida, con destino a las Islas Vírgenes Británicas, y todavía cree que todo es un engaño y será vilmente abandonada en el Triángulo de las Bermudas

domingo, noviembre 08, 2009

67

Solía servirse y dejar su plato ahí sentado, solo, esperando su enfriamiento con perfecta paciencia. Mientras, hacía un zapping descuidado que por lo general terminaba en algún documental, casi siempre de alguna guerra y si era de la civil española mejor. Todavía puedo verlo, acomodándose la servilleta sobre las piernas, catando su copa de vino y haciéndonos preguntas sobre nuestro día. Comía sin ansiedad, saboreando cada bocado y disfrutando el momento que, sabía, se había ganado. Quisquilloso, también, en ocasiones pedía que le volvieran a calentar el plato, o se quejaba por la falta o exceso de sal. Madre y yo sonreíamos en silencio, y Mirta, leve como un suspiro, se convertía en nuestra mejor cómplice.
Hoy cumpliría 67 años. Y en días como este todavía me parece que, si entrecierro los ojos y hago fuerza, podría vislumbrarlo a través de la ventana de ese primer piso, prendiendo la tele y sirviéndose su segundo plato de la noche.