Un poco como el chispazo bruto que jamás llega a encender el fuego, alguna gente inevitablemente queda en promesa.
sábado, enero 30, 2010
lunes, enero 25, 2010
miércoles, enero 20, 2010
Azulada no más
"The greatest lie ever told about love is that it sets you free"
Zadie Smith - "On Beauty"
A veces creo que esto de la alegría continua y la felicidad de cada despertar me robó un destino escrito. De a ratos se me hace que en el mismo estacionamiento donde nos conocimos perdí mi pluma azul y una cierta facilidad para desgajar en letras cuanta sombra me atravesara. No sé, ¿se puede ser feliz y seguir entonándole loas a la tristeza? No es arrepentimiento ni mucho menos, pero de a ratos recreo situaciones y memorias que parecen tan de otra vida...
Fui la que eligió seguir queriéndolo en silencio aún cuando las circunstancias se desplegaban adversas hasta el fin, fui la que a consciencia alejó a todo aquél que se dignó a tratarme bien y amenazar con quererme, y también fui la que siempre supo cómo desahogar cada una de sus penas en una hoja en blanco. Mis letras eran mi receta, mi taza de té en noches de insomnio o esa manta que tapa los pies ante el repentino frío de la tardecita. Éramos el dúo perfecto contra las afrentas del mundo. Y me alcanzaba esa certeza para mantener la cabeza en alto.
Pero una tarde llegó él, y desde entonces nada fue igual. Le bastaron tres noches sin sueño para lograr convencerme de seguir su camino y dejar mis zapatos de nostalgia a un costado. No más historias tristes ni lágrimas en el teclado; me regaló una vida de viajes, ganas y proyectos. Y mientras mis cuadernos dormían en el fondo de algún cajón, me dediqué a escribir las historias de otros. Por pura elección, desandé un sendero y tracé uno nuevo. Y en algún recodo, casi sin darme cuenta, abandoné la posibilidad de la poesía discreta y la propia vida como un lienzo, un poco púrpura y otro poco azul.
lunes, enero 11, 2010
Regresión
15 minutos para comer una barra de cereal. Eso, señores, es mi vida con brackets. Ir por la vida eligiendo los alimentos en función de su consistencia y su facilidad para hacerse papilla, priorizar el helado ante todo y vivir a puré de calabaza, tarta de calabaza, calabaza rellena y cuanto derivado pueda tener esta espléndida verdura. Aburrirse cuando los demás devoran un fantástico asado, consolarse con la ensalada de papa y huevo. Uff, qué poco preparada estoy para las dietas y las conductas anoréxicas...
Llevo menos de una semana y la sensación sigue siendo rara. Un poco como cuando uno se ponía esos colmillos de plástico para asustar a sus primitos, pero todo el tiempo y a toda hora. Como dormir, bañarse, lavarse los dientes y dar besos con esos colmillos. Lo que se dice inaguantable. O, en instancias como el despertar, en esos segundos en los que el mundo es una nebulosa y no entendemos ni jota, un absoluto flash.
Del modo que sea, trato de no pensar que a estos brackets y a mí nos quedan 10 meses completos de convivencia por delante. No pienses, no pienses, pensá en otra cosa, dejá la lengua quieta que raspa, no pienses, no pienses, no pienses. E inevitablemente, uno piensa. Y uno siente. Y uno se agarra la cabeza y experimenta unas ganas violentas de arrancarse la dentadura, aparatos incluidos. Pero uno no lo hace, porque la decisión fue tomada en perfecto uso de nuestras facultades y se supone que es en función de un bien mayor. Además, todo este asunto tiene tanto gusto a infancia postergada... No hay dudas, es una regresión pura y sin escalas a mis 8, 9, 10 años, a la edad en que moría por una cajita flúo y un modo de hablar distinto. Y en ese entonces no hubo dentista que me la recetara. Pero pareciera que aquel proverbio chino es verdad, y más vale tener cuidado con lo que se desea, no sea cosa que se haga realidad...


















