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lunes, mayo 23, 2011

Mi biblioteca en todas partes

Soy de esas personas que regalan los libros que más les gustaron. De hecho, hace un par de semanas le regalé por segunda vez consecutiva a una amiga -sin acordarme, claro- Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Pero no sólo elijo regalar los libros que me dejaron pensando y me robaron alguna que otra pena, sino que, de un modo u otro, también me cambiaron. Busco aquellos que me dejaron distinta a cuando los comencé, que me enriquecieron, que lograron el fin último de toda literatura: conmover.
Sé que no siempre es posible que al otro le suceda lo mismo. Cada fibra late distinto, y quizás la línea ante la que yo tiemble le sea indiferente a mi regalado. Quizás sea un poco como dice Amélie, y la belleza literaria sea tan incomunicable como los encantos de la Dulcinea para quien no es sensible a los mismos. Tal vez sólo sea cuestión de apasionarse uno mismo o resignarse a no entender nunca nada. Probablemente lo sea y sólo quede sentirlo, pero creo que nunca voy a dejar de intentarlo.