La angustia más vieja del mundo
No puedo evitar sentir que en todas las traducciones de libros me estoy perdiendo de algo fundamental para la esencia y corazón del texto. A veces, perdida en la belleza tácita de un cierto libro, pienso que para disfrutar realmente la enorme literatura del mundo deberíamos aprender todas las lenguas, todos los idiomas, todos los dialectos. Y entonces, embebida en la angustia de lo imposible, no sé si alegrarme o llorar por todos los libros que nunca voy a llegar a leer.


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